El enemigo público número uno, el Ladrón de las Mil Caras, es ni más ni menos Akira Ijuin, un estudiante de primaria de la Escuela CLAMP. Las dos madres que tiene quieren que siga el oficio de su padre (ladrón) y no dejan de pedirle objetos para que los robe.
Una noche, entra en la habitación de una niña mientras huye de la policía. Se llama Utako Okawa y le invita a tomar té: durante la velada, ella le explica su reciente ruptura sentimental. Para consolarla, Akira le regala unos bombones de licor, pero lo único que consigue es que se emborrache y se acabe enamorando de él. En ese instante se forja una estrecha relación entre ambos. Cuando sus madres le obligan a robar el regalo de cumpleaños de Utako, no sólo se enfada, sino que enciende aún más la llama de su amor. Después, para llamar la atención, llega a escribir una nota falsa haciéndose pasar por él.
A partir de ese instante, se ven todos los viernes por la noche y poco a poco su relación se va consolidando. Pero una noche Utako se enfada mucho con él, porque, después de decirle que quiere ser ‘una buena esposa’, él le contesta: ‘cuando te cases me tienes que invitar’. Akira anda muy despistado: no se había dado cuenta de sus sentimientos y aún menos entiende su enfado. Entonces recurre al Dr. Akechi para pedirle consejo y toma una decisión: se va a declarar. Llega el día en que pro fin declara sus sentimientos más profundos y le pide salir. Ya ha pasado un año desde que se conocieron y es la noche de su cumpleaños.
El tiempo pasa, y nos encontramos en el decimosexto cumpleaños de Utako, que recibe un regalo muy especial de Akira, que acepta encantadísima: una proposición de matrimonio. Como era de esperar, el Ladrón de las mil caras consiguió su objetivo: robar el corazón de Utako.

















